1 de febrero de 2015

UNA BUHARDILLA EN PARÍS

Hace un par de años, en una comida con amigos de otra ciudad, empezaron a preguntarme sobre mi trabajo, sobre mi taller, cómo es, dónde está ubicado..., y al decir que estoy en una buhardilla, con toda la gracia infinita que tienen, comenzaron a explicar cómo la imaginaban.
Hablaban de las típicas buhardillas de París, con su balconcito lleno de palomas que de vez en cuando se colaban en el taller (todavía me dan ataques de risa cuando me acuerdo), y todo el aire bohemio que envuelve esa característica imagen de cualquier "artista" inmerso en pleno proceso creativo; tan intimista, tan suyo...




La conversación dio mucho juego y unos y otros se fueron creciendo, distorsionando totalmente la realidad en la forma (hasta el disparate), aunque no tanto en el fondo. Supongo que en gran medida lo imaginaron así, porque yo soy un poco así (o un mucho), y seguramente por eso me reí tanto, porque en el fondo me vi reflejada en ese pintoresco personaje y en aquel escenario...
En "esa mujer de buhardilla", de espíritu libre, sensible, bohemia, soñadora enfermiza, con muchísimas inquietudes por llevar a cabo dentro de este pequeño rincón del alma, y con muchísimo miedo a que todo se contamine en el exterior. Con un gusto por el arte (en todas sus formas), por lo antiguo, por lo retro, por lo especial, por lo diferente, por lo chic... Con una facilidad pasmosa para emocionarme. Con una cierta dosis de melancolía permanente, que tanto me inspira y que tanto me perturba al mismo tiempo; con un sentido del humor tan extremo que a veces sobrepasa la sátira. Incluso, con esa especie de "decadencia", o mejor dicho, y por qué no, con la madurez y la sabiduría que te dan los años y el estar ya de vuelta de tantas cosas, aunque siga cometiendo los mismos errores una y otra vez.
Con su luz y su alegría; con toda la fuerza que me da a mí un solo rayo de sol cuando entra por la ventana...
Y con un mundo interior que siempre defino como una montaña rusa, pero que sin duda, ve lo mejor de la vida en las cosas más sencillas...

Seguramente mis amigos no pensaron en todo esto cuando describieron mi taller, pero sin darse cuenta, había mucha verdad en sus palabras... Y es que muchas veces no somos conscientes de todo lo que somos o de lo que transmitimos.

Siempre que os hablo de la esencia de LAMARRIED, me refiero a todo ese conjunto de cosas que definen mi trabajo, pero también a mí. Porque cuanto más he ido desarrollándolo o profundizando en lo que hago, y más me he ido conociendo, yo misma me sorprendo de lo mucho que dicen las piezas que realizo sobre mí. Creo que algunos de mis diseños son "yo", mi persona en estado puro...


Esto ocurre con los collares que os voy a mostrar hoy.

Se trata de los nuevos "Tres vueltas", que tanto gustan y que siempre son el éxito del verano.
Por este motivo, porque suele ser un modelo muy representativo de mis colecciones, he querido ir un poco más allá, impregnándolos de todo lo que llevo dentro o de todo lo que soy.

He puesto mucho interés en que las cuentas de cerámica queden especiales, reduciendo bastante su tamaño y realizando formas delicadas.
He suavizado los tonos, logrando nuevos matices y combinaciones que intentan reflejar ese aire bohemio de los colores envejecidos...
He simplificado el montaje con respecto a los collares del año pasado, acompañando a las pequeñas cuentas de barro, tan sólo de diminutos abalorios de distintos materiales, para dar todo el protagonismo al color y a la forma.

En resumen, he intentado plasmar todo eso que se respira en "mi buhardilla de París", en estos cuatro collares de colores de otra época, o de siempre, y de mil sentimientos implícitos...


















































No hay comentarios:

Publicar un comentario