15 de diciembre de 2014

EN EL CENTRO DE MI CIUDAD

Hace unos cuantos años, cuando empecé en esto, tuve la gran suerte de entrar a formar parte del selecto grupo de artesanos que proveían con sus genialidades a una de las mejores tiendas de artesanía de Madrid, y me atrevo a decir, de España.
La tienda estaba situada en la zona más turística de la ciudad, por lo que diariamente pasaba gente por allí de todo el mundo. Esto lo hacía mucho más especial...

Recuerdo como si fuera hoy mismo la primera vez que fui a enseñar mis diseños, siendo tan joven e inexperta. Me emociono cuando pienso en ello, porque en aquellos tiempos, conseguir entrar en un proyecto así no era nada fácil. Hoy me enfrento a otras muchas dificultades, pero la experiencia, la calma que te otorgan los años, hacen que mi actitud ante situaciones de este tipo, sea muy distinta a la de entonces. Mucho más sosegada...

Las propietarias de la tienda eran dos socias muy diferentes entre ellas. Tras hacerme el primer pedido y después de haberlo entregado, una de ellas, la que apostó por mí, me llamó para decirme que había división de opiniones en cuanto a mis diseños y que su socia no estaba muy segura, ya que veía mis piezas muy grandes y difíciles de vender, por lo que dudaban de si habría más pedidos o no. Os podéis imaginar mi decepción...

Ya os conté hace tiempo que desde el principio me atreví con piezas muy llamativas que casi nadie compraba, pero yo necesitaba desarrollar mi creatividad al máximo, sin límites, sin complejos, sin verme arrastrada por las tendencias de moda o por un modo de vestir en mi ciudad, tal vez algo conservador en aquella época. Siempre pensaba lo mismo: "ya llegará el momento en que se sepa entender mi trabajo". Y nunca me alejé de mi estilo, a pesar de lo diferente que era a todo en aquellos tiempos.

No sé cómo hubiese reaccionado hoy ante una llamada así; probablemente no hubiese cedido o lo hubiese negociado de otra forma, pero aquel día, me pudieron tanto las ganas de formar parte de aquello, que decidí no rendirme y pedí una oportunidad. 
Propuse cambiarles todas las piezas entregadas por otras más sencillas y fáciles de vender, pero por supuesto, con toda la esencia de LAMARRIED.
Supongo que eso era justo lo que pretendían con aquella llamada, pero sin duda, mi oferta fue de lo mejor que he hecho en todos los años que llevo en este negocio.
En el tiempo que trabajé con ellas, se vendieron en su tienda más de doce mil piezas de LAMARRIED...

Casi todas las semanas recibía alguna llamada suya para reponer material, porque los turistas se llevaban mis colgantes, mis pulseras, mis pendientes..., de tres en tres, de cinco en cinco... Era bastante abrumador. Más de una vez presencié alguna de esas ventas, y era alucinante ver como gente de todas partes del mundo se volvía loca con el colorido de mi bisutería.

Aquellos collares grandes y llamativos que les mostré el primer día fueron sustituidos por una colección que constaba de seis tipos de piezas, a los que denominamos así para agilizar los pedidos: 

-Colgante 1 pieza
-Colgante 3 piezas
-Pulseras 
-Pendientitos
-Pendientes largos
-Anillos

Guardo cientos de hojas con este tipo de pedido, en los que lo único que variaba eran las cantidades. Unas veces 10 de cada, otras 20, otras 50...
El diseño de todo el conjunto de la colección era muy similar en cuanto a montaje y tamaño, pero me daban libertad para elegir colores o la forma de las piezas. Y lo más increíble de todo es que no hacía dos iguales.
Era una manera muy dinámica de trabajar con ellas, aunque yo seguí desarrollando mis otros diseños paralelamente, por la necesidad de no quedarme estancada.



Hace unas semanas, buscando unos materiales, abrí una caja que llevaba cerrada mucho tiempo en mi taller, y aparecieron varias de estas piezas, de las primeras que realicé, y decidí llevarlas a una venta especial que tenía en casa de una amiga, por la curiosidad de ver qué aceptación tenían. Se vendieron todas.
Por eso, días atrás, mientras modelaba bolitas de barro para otros collares, pensé "¿y si hago una pequeña colección para toda esa gente que no se atreve con un collar grande?". 

Y de toda esta historia nace lo que veréis a continuación. 
Una mezcla de recuerdos, de experiencia, de sencillez y juventud, comprimida en estos pequeños colgantes de LAMARRIED, realizados en cerámica y pintados a mano.





































Estuve varios años realizando este tipo de piezas para ésta y otras tiendas, y poco a poco me fueron permitiendo introducir otras más llamativas y elaboradas, y no se vendían nada mal.
Hoy, tengo clientas a las que se les quedan pequeños incluso mis diseños más exagerados...

La vida...



Para la próxima temporada desarrollaré esta colección con más tiempo y profundidad, ya que este tipo de piezas quedan especialmente bien en verano, con camisetas y el escote morenito.
Pero sin duda estos colgantes también son una opción ideal para esos pequeños detalles navideños, con los que te apetece quedar bien sin gastar mucho dinero.






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